Los vecinos del Cortijo de Belén en Jinámar, se vuelcan en la elaboración de un mural promovido por la Comunidad Bahá’í

La vida comunitaria y el entorno del barrio forman parte del día a día, y cuidarlo y mimarlo trae alegría y regocijo para los corazones de los que habitan en él. Y esa alegría y regocijo es un buen punto de partida para el crecimiento y la construcción de comunidad. En esta línea de pensamiento se enmarca la actividad que tuvo lugar del 21 al 23 de marzo, en la entrada del barrio de El Cortijo de Belén, en Jinámar. Tras varios meses de gestiones por parte de la Comunidad Bahá’í, una fachada blanca tomaba forma y color con un precioso mural diseñado y pintado por vecinos de todas las edades y por las asociaciones y agentes que están participando en la vida comunitaria del lugar. Un mural diseñado con un árbol central, cuyas raíces nacen del título “Nuestro Barrio” con un corazón, y del cual crecen virtudes como el amor, la tolerancia, la bondad, la justicia y otras muchas más, acompañadas de los frutos que son representados con corazones. El árbol del mural está integrado en una comunidad que disfruta de esas virtudes humanas. Es un espacio reluciente y con personas muy alegres. El dibujo del mural es un paralelismo con el barrio por el que los vecinos se están esforzando por tener. Y la realización de este mismo dibujo plasma la belleza de la cooperación, de la participación universal de todas las edades, de la capacidad para construir y de la posibilidad de que cada miembro del barrio tenga la oportunidad de desarrollarse de forma individual dentro de una Comunidad. Este empoderamiento personal permite generar una consciencia colectiva de conectar con la belleza de nuestras vidas, por la que se sustituye la apatía,el asistencialismo, la queja y la crítica, por la voluntad y responsabilidad personal. Esto genera prosperidad en las personas, en las familias y en el barrio.

 

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